sábado, 17 de agosto de 2013

Una vida a tu lado. Capítulo 5.

DISCLAIMER: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a Rumiko Takahashi, la historia si es mía y también algunos otros personajes. No hago esto con fines de lucro.


Capítulo 5. Desentrañando el pasado.

******************* Kagome's POV *******************

Me levanté de golpe completamente aturdida y desorientada. Voltee a los lados apresuradamente para asegurarme de que me hallaba sola en la habitación. No podía quitarme la sensación de estar siendo observada por algo siniestro. Me froté los brazos con fuerza en un vano esfuerzo para desaparecer el frio que me calaba por dentro; mi piel se encontraba completamente erizada y al observar más detenidamente mis manos, me percaté que temblaba.

Respiré profundamente un par de veces para calmarme y volví a inspeccionar el cuarto con la mirada. Estaba segura de que algo no andaba bien, pero probablemente esa era la sensación que me había quedado de las pesadillas de la noche anterior. Los recuerdos de aquel terrible sueño me acosaron de repente:

.........

Me encontraba en un bosque al atardecer, el viento frio movía las hojas de los árboles. Frente a mí había una mujer de cabellos largos y azabaches, por sus vestimentas supe que se trataba de una sacerdotisa. Llevaba un arco antiguo y su carcaj con flechas. Esa mujer se me hacía conocida… ¿Kikyou?... No, no era ella. Escuché pasos, luego una risa malévola "kukukuku"… esa risa… ¿Shimeiteki? El tiempo pareció detenerse por completo; el viento sopló nuevamente haciendo bailar los cabellos de la mujer en gráciles movimientos.

El ambiente se tornó extremadamente frío, la atmósfera se sentía pesada y el viento agitaba los árboles con violencia. "¡Jamás te perdonaré lo que has hecho!" gritó la mujer en un sollozo, levantando la mirada del suelo y permitiéndome al fin observar su rostro. Me sorprendí, la razón de que esa mujer se me hacía tan familiar era porque… pues bien ella era yo, pero quizá unos años más grande. "kukukuku, No te pongas así sacerdotisa. Pronto te unirás a tus seres queridos en el otro mundo… kukukuku" contestó el youkai con un tono burlón.

Un sentimiento de angustia inundó mi pecho y se asentó en la boca de mi estómago. ¿Mi familia y amigos habían sido asesinados por ese despreciable ser?. Mis ojos se llenaron de lágrimas; no sabía a ciencia cierta si por el dolor, la angustia, la desesperación o la rabia. Por primera vez en la pesadilla voltee a ver con odio a Shimeiteki, pero solo pude observar sus ojos mirándome fijamente, cómo traspasando mi alma. Esos horribles ojos tan negros cual boca de lobo que me miraban intimidantes. Por unos momentos me hundí en su maligna mirada, era como si al verlo a los ojos callera por un precipicio hacia el mismo infierno.

Esa mirada me dejó helada, era tan siniestra que no pude evitar que el miedo se apoderara de mí. Todo a mi alrededor se volvió negro de repente, solo podía sentir los ojos de Shimeiteki observándome impasibles. "Te arrepentirás de haberte inmiscuido en mis planes… ¡Ahora pagarás!" amenazó y en ese momento desperté de golpe…

.............

Un escalofrío recorrió mi columna vertebral, respiraba agitadamente y mi corazón latía como si de una carrera se tratase. Coloqué mis manos sobre mi pecho, como si con eso pudiera detener los desbocados latidos. Respiré nuevamente cerrando los ojos para calmarme. Me llevé las manos al rostro para comprobar que todo estaba bien y me sorprendí al percatarme que tenía las mejillas húmedas por mis lágrimas; había estado llorando en sueños… seguí el recorrido por mi rostro hasta la frente y comprobé si no había fiebre. No tenía fiebre, estaba tibia y perlada en sudor pero nada más.

Esa pesadilla… estaba segura de que no era una casualidad, la amenaza que había lanzado aquel demonio era real. Existían dos posibles explicaciones: Shimeiteki se vengaba metiéndose en mis sueños para atormentarme o bien que esa pesadilla fuera uno de mis sueños proféticos advirtiéndome del terrible futuro que me esperaba. Trague grueso rogando a los cielos de que se tratase de la primera opción, no podría soportar perder a todos los seres que amaba…

Sacudí mi cabeza intentando alejar aquellos pensamientos tan sombríos; suspiré y procedí a levantarme de la cama. Iba a ser un día bastante largo, tenía que entrenar como ya era la costumbre y aclarar todas mis dudas con Chie. Miré el reloj y vi que eran apenas las 5:00 am, era más temprano de lo que yo pensaba. En otros momentos me habría acostado nuevamente en la cama dispuesta a dormir otro par de horas, pero después de esa pesadilla no estaba de humor como para eso. Tendí mi cama y me decidí a tomar un delicioso baño con agua caliente, eso sin duda me levantaría los ánimos.

Después del baño me sentí mucho mejor, había recuperado mi sonrisa y mi buen humor. Me vestí con una falda-short blanca y una blusa amarilla paja muy bonitas en vez de mi acostumbrado uniforme, ya que era sábado y no asistía al colegio. Me cepillé el cabello, guardé en mi mochila el traje de sacerdotisa que utilizaba para entrenar y bajé a desayunar. Media hora después ya me encontraba caminando rumbo a la tienda de antigüedades. A los pocos minutos llegué y entré con una radiante sonrisa.

-¡Hola, Chie! –saludé amablemente.

-No te esperaba tan temprano niña –me contestó sorprendida, yo simplemente me sonrojé y reí nerviosa. –Creo que tenemos mucho que hablar; toma asiento te prepararé un té.

-Gracias, Chie. La verdad es que si tengo muchas dudas… -ella tan solo suspiró con pesar y salió de la habitación.


******************* Inuyasha's POV *******************

Después de lo sucedido el día anterior, no pude conciliar el sueño en toda la noche. La emoción de verla nuevamente me había impedido dormir. No me explicaba el cómo era posible que nos hubiéramos encontrado si ninguno de nosotros había viajado a través del pozo, que cabe mencionar se encontraba aún sellado. Le di muchas vueltas al asunto en mi cabeza sin llegar a una posible explicación, haciendo que mi desesperación e impaciencia se hicieran presentes, me ponía de mal humor no entender lo que pasaba. Todavía dudaba que en realidad ese encuentro hubiera tenido lugar, podía haber sido solo mi imaginación, seguramente ya me había vuelto loco de esperarla. ¡Feh! Pero ese olor… su olor… estaba seguro que se trataba de ella. No podía equivocarme.

Cuando el cielo aclaró un poco dando lugar a la mañana, bajé del árbol donde había pasado la noche y me encaminé a la aldea. Necesitaba una explicación a todo ese asunto y los únicos que podían dármela se encontraban allí. ¡Keh! Seguramente Kaede y Miroku podrían decirme qué demonios había pasado.

Entré bruscamente a la cabaña esperando encontrar a todos sus ocupantes dormidos, pero grande fue mi sorpresa al encontrar al monje y a la anciana despiertos.

-Buenos días Inuyasha –saludó un sonriente Miroku. –No es propio de ti visitarnos tan temprano. ¿Todo bien? –preguntó con un ligero tono de preocupación en su voz. Kaede volteó a verme fijamente a los ojos, parecía estar estudiando mi reacción.

-¡Keh! No lo sé, ayer pasaron cosas extrañas que tienen que ver con Kagome y… etto… quería que ustedes dos me dieran una explicación –demandé. Segundos después Miroku cambió su cara de preocupación por la del libidinoso de siempre y comenzó con su explicación…

-Haberlo dicho antes Inuyasha, verás los hombres tenemos "ciertas necesidades" y cuando nos encontramos solos pensando en una mujer muy bonita que nos gusta, bueno es normal que…- ¡PAS! Miroku no pudo terminar la oración por que lo callé con un tremendo golpe en el cráneo.

-¡Keh! ¡Maldito monje libidinoso! ¡No se trata de eso, eres un pervertido! –le espeté furioso, amenazándolo con mi puño. La vieja solo entornó los ojos y entonces intervino en la conversación.

-Entonces dinos Inuyasha, ¿Qué fue lo que pasó? –preguntó con curiosidad. Le dirigí una mirada y luego me senté cruzado de piernas, luego comencé a rascarme la cabeza con una de mis garras para intentar poner mis pensamientos en orden.

-¡Keh!...es difícil de explicar, pero…etto… creo que ayer tuve un encuentro con Kagome…-reflexioné en voz alta. La cabaña se quedó en un profundo y eterno silencio, podía sentir que las miradas de todos se centraban en mí poniéndome en extremo nervioso. En eso me di cuenta de que Sango, Shippo, Kirara y Rin se habían despertado, seguramente a causa del escándalo que hice por los comentarios de Miroku, y me observaban perplejos.

-¡Ya dejen de verme de una maldita vez como si estuviera loco! -grité mientras agitaba los brazos exasperado. Miroku parpadeó un par de veces antes de salir de su ensoñación y ponerse serio.

-¿Inuyasha, estas seguro de lo que estás diciendo? Es decir, sabemos que extrañas mucho a la señorita Kagome y todo… ¿No es posible que tu imaginación te hiciera una mala pasada? –dijo el bonzo. Los demás seguían viendo la escena sin decir nada, pero ahora sus expresiones eran más de lástima que de otra cosa.

-¡Feh! ¡No estoy loco monje, sé muy bien lo que vi! –estallé furioso. -¡Ayer estaba muy tranquilo donde me dejaste; cuando apareció de la nada un maldito círculo de energía y una estrella debajo de mis pies! … ¡Luego unas extrañas bestias me rodearon y me preparé para pelar, pero como resultaron ser las cuatro bestias sagradas guardé a Tessaiga! ¡Esos malditos animalejos dieron vueltas a mi alrededor, y entonces la olí… olí a la tonta de Kagome! –espeté a gritos. Como nadie parecía reaccionar entonces continué. – ¡Keh! ¡Después de eso la vi y me dijo que se encontraba bien y que regresaría…! –grité y me senté enfurruñado de piernas y brazos cruzados.

-¿Las cuatro bestias sagradas dices?... ¿Cómo eran el círculo y la estrella de energía? –cuestionó la anciana.

-¡Keh! ¡Las bestias sagradas; ya saben el gatote, la tortuga, el pajarraco y el dragón! -contesté – Etto… el círculo era grande, blanco y brillaba debajo de mis pies y dentro estaba la estrella de cinco puntas…

-Ya veo, aparte del olor de Kagome ¿Pudiste oler algo más?- volvió a preguntarme.

-¡Keh!, ¡¿Por qué tantas malditas preguntas anciana?!... Ahora que lo dices, si olí a un youkai y a otro humano, además en el ambiente también había un extraño aroma a rosas y alcohol…

-Su excelencia, ¿usted cree que se trate de una invocación? –comentó Kaede dirigiéndose al bonzo.

-Podría ser, pero para ese conjuro se requiere una gran cantidad de energía espiritual… además no es fácil realizarlo… aunque no sería extraño que la señorita Kagome lo lograra, después de todo tiene un gran poder espiritual…

-Eso es cierto su excelencia. No sería la primera vez en que Kagome nos sorprende con sus habilidades.

-Inuyasha, mencionaste que había un demonio ¿Qué pasó con él? –me preguntó Miroku.

- ¡Keh! Kagome le lanzó unas flechas y el maldito desapareció.


******************* Kagome's POV *******************

-Aquí tienes niña, té de limón tal y como te gusta –dijo entregándome una humeante taza.

-Gracias, Chie –le respondí. Después de entregármela se sentó frente a mí viéndome seriamente.

-Creo que tengo muchas cosas por explicarte… empezaré por el principio… ese demonio que viste en la invocación se llama Shimeiteki; es un ser perverso, cruel y despiadado. Había sido sellado y condenado por mi maestro Takumi a pasar la eternidad en el infierno. Pero al momento de hacer el conjuro, algo salió mal y el sello se rompió liberándolo en nuestro mundo.

-Ya veo… y ¿Por qué te llamó "sacerdotisa blanca" Chie?

-Mmmm… eso es más difícil de explicar, para que me entiendas tengo que relatarte toda la historia del legado de sacerdotisas al cuál pertenezco, al igual que mi historia. Pero creo que ahora es necesario que te la cuente –la mujer hizo una breve pausa mientras ponía en orden sus pensamientos. Luego de unos instantes comenzó su relato:

Verás, la orden de sacerdotisas y monjes a la cual pertenecemos es muy antigua; se remonta a poco antes del inicio de la era Kofun. En esa época, no existía una orden monástica como la conocemos ahora. La religión existente era la Jinja shinto y se caracterizaba por la adoración a los Kamis de la naturaleza y de los antepasados en los templos*. Las personas que se encargaban de estos recintos sagrados, normalmente distaban de ser seres humanos normales. Debes de saber que siempre han existido personas que son bendecidas por Kami con poderes espirituales inimaginables. Algunos tenían el don de la profecía, otros de la purificación y algunos pocos el de la sanación, entre otros muchos poderes. La sabiduría y benevolencia parecían características comunes entre esos hombres, ya que casi todos se distinguían por una impecable conducta a lo largo de sus vidas.

Gracias a las habilidades de los "monjes practicantes del Shinto" (por llamarles de alguna manera) y a sus descubrimientos, poco a poco a las ceremonias tradicionales sintoístas se les fueron adjuntando diversos rituales para la práctica de la magia y la adivinación. Cabe destacar que a los "monjes de los templos" de esa era se les encomendaron poco después las tareas de destruir a los youkais que atormentaban a la población y de curar a los enfermos que acudían en busca de ayuda. Si bien no todos esos hombres poseían la habilidad de curar con sus poderes espirituales, la mayoría eran unos eruditos en plantas medicinales y medicina tradicional; cosa que les resultó muy beneficiosa para el desempeño de su deber. De entre todos los "monjes sintoístas" de esa época, hubo uno que se destacó por sus grandes dotes espirituales y virtudes, su nombre era Ryota. Él es reconocido como el fundador de nuestra orden.

Ryota, era considerado como un hombre de excelencia. Poseía una gran habilidad para hacer exorcismos y exterminar a los malos espíritus que lastimaban a la gente. Era un distinguido vidente y profeta; al igual que un destacado curandero. Un día en una visión, recibió un mensaje de Kami que le indicaba transmitir sus conocimientos a un nueva generación de cuidadores de templos. Ryota acató la orden al pie de la letra fundando así nuestro régimen.

En el periodo de Asuka se introdujo el budismo a nuestro país causando grandes cambios en él. Ayako era la líder de nuestra orden en esa época. A pesar de todos los cambios sociales y políticos; ella se mantuvo firme en sus ideales y en vez de oponerse a la nueva doctrina, optó por mezclar ambas creencias y adoptar el sistema de monástico que establecía, surgiendo así la orden de monjes y sacerdotisas que ahora conocemos.

En contradicción a lo que se creía, la mezcla de ambas religiones no hizo que se perdieran los valores, la fusión solo logró fortalecer los conocimientos e ideales. Gracias a los budistas aprendimos el uso de los sutras, los ofudas y los pergaminos sagrados; igualmente a través de la meditación nos enseñaron a fortalecer nuestros poderes espirituales y a hacer campos de energía, entre otras muchas cosas. Nuestra orden era de las más fuertes y se extendía a lo largo del país; sacerdotisas de renombre como Midoriko fueron parte de la misma.

En fin para no aburrirte más con esta historia, te diré que a partir del Sengoku, la orden se fue disolviendo y solo quedaron unos pocos seguidores que continuaron con las enseñanzas prácticamente de manera clandestina. Uno de ellos fue mi maestro Takumi, que aún en la era moderna era un solicitado exorcista. En uno de sus trabajos se enfrentó con un hombre que siempre se hallaba enfermo y que balbuceaba incoherencias, signos clásicos de una posesión demoniaca…

Se procedió con el ritual de exorcismo como de costumbre, pero resultó ser un caso fuera de lo normal y en vez de destruir al demonio, solo logro expulsarlo del cuerpo del hombre. A ese demonio le apodaban Shimeiteki, él es el príncipe de los infiernos y uno de los demonios más poderosos que existen… el plan de Shimeiteki era sembrar caos, odio y destrucción en el mundo… el hombre al que había poseído era nada más y nada menos que el emperador. Quería causar una Guerra Mundial. Mi maestro luchó arduamente con el demonio, pero no logro destruirlo… con sus últimas fuerzas le puso un poderoso sello espiritual y lo regresó al infierno para siempre… o al menos eso creyó él. Antes de partir Shimeiteki juró vengarse y después de lo acontecido mi maestro falleció, dejándome como sucesora a la tierna edad de 12 años…

-Ya veo, Chie. Esa era una gran responsabilidad para una niña, debió ser muy duro.

-Si, lo fue. Has de saber que yo era huérfana y que el maestro Takumi no solo me había adoptado como su pupila sino también como su hija. –el semblante de Chie se entristeció y esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos.

–Cuando estaba en su lecho de muerte… me pidió que agarrara todas las cosas de nuestra orden y que huyera lejos de Tokio, de otra manera esas reliquias serían vendidas al mejor postor y se perderían los conocimientos espirituales. Después de los servicios funerarios, seguimos la voluntad del maestro y huimos de la ciudad. En ese entonces éramos tan solo tres aprendices, todas nosotras tan solo éramos unas niñas y no sabíamos que hacer. Juntas sobrevivimos trabajando en los campos de arroz, donde una pobre familia nos acogió; ocultamos las reliquias en la cueva de Midoriko y al cumplir los 16 años nos volvimos las sacerdotisas oficiales de la aldea. En fin, los tiempos cambiaron y nuestros servicios ya no fueron requeridos… por lo que recuperamos las reliquias y regresamos a Tokio en busca del templo donde entrenábamos. Desafortunadamente este se hallaba bajo los cuidados de una familia y tuvimos que buscar cómo ganarnos la vida. Así fue cómo terminé en esta tienda de antigüedades…

-¿Y qué pasó con las demás?... bueno dijiste que eran tres… ¿Qué les pasó a las otras dos? –pregunté precipitadamente.

-Pues una de ellas se casó con un joven muy apuesto y se mudó de la ciudad; la otra sigue ejerciendo su oficio cómo sacerdotisa en uno de los templos shinto de los alrededores. De vez en cuando me visitan, después de todo somos como hermanas –contestó con un tono algo nostálgico.

-Solo tengo una pregunta más. ¿Por qué te llamó "sacerdotisa blanca" ese demonio?

-Porque ese era el título que se le designaba al heredero de la orden, niña ahora tú eres la nueva sacerdotisa blanca… Deberás tener mucho cuidado, Shimeiteki te ha fijado como objetivo y no descansará hasta sacarnos de su camino… Por eso debes de prepararte y vencerlo en su momento, por ahora no nos queda más que esperar.

Después de la conversación con Chie, muchas dudas que tenía fueron despejadas y varias otras aparecieron en su lugar. Ya obtendría más respuestas en otra ocasión. Lo malo era que ahora recaía sobre mis hombros la responsabilidad de una orden que hasta unas horas atrás desconocía. No podía evitar preguntarme por qué todas esas cosas extrañas me pasaban solo a mí, definitivamente alguien de allá arriba traía algo en mi contra.

El entrenamiento dio lugar una vez que la charla hubo terminado; ahora más que nunca necesitaba estar en forma para un enfrentamiento con el príncipe de los demonios. Esa pesadilla había sido una amenaza y no estaba dispuesta a correr el riesgo de que se hiciera realidad.

Cómo nos habíamos tardado mucho en empezar el entrenamiento terminamos mucho más tarde que de costumbre. El sol comenzaba a desaparecer entre las montañas, el aire comenzaba a refrescar y el cielo nocturno empezaba a hacerse presente. Rápidamente me cambié y guardé mis cosas en la mochila, me despedí de Chie y salí de la tienda de antigüedades. Caminé a paso veloz por las calles que ya se hallaban algo oscuras para llegar rápidamente al templo.

De repente un mal presentimiento asaltó mi pecho. Sentí la presencia de seis humanos siguiéndome en la oscuridad de la calle… eso no podía estarme pasando, nuevamente apresuré el paso rogando a los cielos que fuera solamente mi imaginación. Para mi desgracia no fue así y en ese momento me encontraba metida en una peligrosa persecución.

No sé en qué momento dejé de caminar y comencé a correr, lo único que quería era llegar a casa… Los hombres igualmente aumentaron su velocidad dispuestos a capturarme. Benditos sean los entrenamientos a los que me había sometido durante el último año, estoy segura que de no haberlos tomado ya hubiera sido alcanzada. Si hubiera sido un solo enemigo, tal vez me hubiera animado a pelear con él, pero al superarme tanto en número esa no era un opción muy inteligente que digamos.
Mi mente solo me mostraba una y otra vez la cara de mi protector, Inuyasha. "¡Inuyasha, Inuyasha te necesito! ¡Por favor ayúdame!" eran los pensamientos que se repetían en mi cabeza. Desgraciadamente, él no podía ayudarme; se encontraba 500 años en el pasado. Aun corriendo me quité la mochila de la espalda, me la pasé al frente y la abrí en busca de algún objeto que pudiera usar para escapar o en su defecto como arma para defenderme. Dentro de la mochila traía las llaves de mi casa, el uniforme de sacerdotisa, unos pergaminos, las extrañas sales aromáticas, mi cartera y unos cuantos dulces. "Piensa Kagome, piensa" me repetí mentalmente.

Bien, podría usar las llaves como un puñal improvisado, las sales para cegar a los enemigos y… a quien engañaba no podía hacer gran cosa con lo que traía. Tomé las llaves y las sales, cerré la mochila y me la puse nuevamente en mi espalda. Desafortunadamente no tomé en cuenta mi innata torpeza y con la primera piedra que encontré en mi camino caí de rodillas al suelo. Rápidamente me levanté, era una suerte que les llevara un poco de ventaja a esos tipos, de otra forma ya hubiera sido historia.

-¡Higurashi! –gritaba un hombre al otro lado de la calle. "¿Me conoce?, ¿Quién es?... esa voz se me hace familiar…" -¡Higurashi! ¡Malditos déjenla en paz! –"Esa voz pertenece a…"

-¡Daisuke vete de aquí, estos hombres son peligrosos! –le grité –¡Solo llama a la policía, yo estoy bien! –de acuerdo esa era una mentira, pero no quería que le hicieran daño a él también por mi culpa.

-¡¿Acaso estás loca, Higurashi?! ¡No voy a dejarte sola! –gritó mientras corría en mi dirección, a los pocos instantes me alcanzó y comenzamos a correr juntos. Debo admitir que él era bastante rápido.

El cansancio comenzaba a hacerme mella, posiblemente se debía al punzante dolor que tenía en las rodillas cada vez que daba un paso. Nuestros perseguidores parecían no cansarse y ya se encontraban muy cerca de alcanzarnos. Esto no podía empeorar. Intentamos entonces otra táctica, perderlos entre las calles de la ciudad. En un principio el plan estaba funcionando muy bien, pero al correr estando únicamente consientes de nuestros agresores, no nos percatamos que estábamos a punto de meternos a un callejón sin salida sino hasta que fue demasiado tarde. Nuestros persecutores nos acorralaron en el callejón bloqueándonos cualquier salida con unas horribles sonrisas burlonas impresas en sus rostros. Me sentía como una gacela rodeada de leones.

-Daisuke, ¿Sabes pelear? –le pregunté con una voz muy baja, para que solo él me escuchara.

-No creo que pueda con todos Higurashi, a lo sumo unos dos –me dijo derrotado. Definitivamente llevábamos las de perder. Estaba despidiéndome del mundo mentalmente cuándo una idea me cruzó por la cabeza.

-Dame la mano –le ordené a Daisuke.

-¡Este no es el fin! –me respondió colérico. -¡Ya verás que encontraremos la forma de salir de esta! –intentó animarme, pero la tensa expresión de su cara demostraba que no estaba muy convencido de ello.

-¿Confías en mí? –Él simplemente me miró y luego asintió –¡Entonces dame la mano! –prácticamente le grité ya que me encontraba muy nerviosa porque esos hombres se acercaban cada vez más. Él me dio la mano inmediatamente y entonces comencé a recitar rápidamente mi conjuro.


******************* Inuyasha's POV *******************

Las explicaciones del monje libidinoso y la anciana me dejaron más confundido que antes. Lo que me tranquilizaba era que el que haya visto a Kagome no había sido una casualidad. Ella me había invocado para ello. Al menos quería verme, eso le daba alegría a mi alma. Aun así algo me inquietaba, "¿Qué no se supone que en la época de Kagome no hay youkais?". Algo en todo eso olía muy mal, peor que el sarnoso de Kouga y su pandilla junta. Esperaba que Kagome no se encontrara en peligro. Me perdí en mis pensamientos un rato, cuando me percaté que algo faltaba.

-Oigan ustedes ¿Y el inútil de Sesshomaru donde se metió? –pregunté "amablemente".

-Sesshomaru sama se fue temprano en la mañana señor Inuyasha –contestó la cachorra sonriente –le dijo a Rin que le dijera a usted que cumpliera con su parte del trato.

-¡Keh! ¡Ese maldito de Sesshomaru ni siquiera se dio la molestia de avisarme! –espeté molesto y me senté molesto de brazos y piernas cruzados.

El resto de la tarde fue bastante tranquila; pelee con el chaparro de pacotilla por un pescado y como Miroku anduvo de pervertido, Sango lo golpeo tan duro que lo dejó inconsciente por unas cuantas horas. Nada fuera de lo normal. Al empezar a oscurecer, un sentimiento de ansiedad me embargó. Tenía el presentimiento de que algo andaba mal y no podía quedarme quieto. Conforme fueron pasando los segundos me sentía todavía más nervioso.

De repente y como en un flashazo vi a Kagome corriendo, estaba huyendo de algo o alguien. "¡Inuyasha, Inuyasha te necesito! ¡Por favor ayúdame!" escuché decir a Kagome en mi mente.

¡Ella estaba en peligro y yo no podía ayudarla! Sin pensarlo me levanté y salí bruscamente de la cabaña.

-¡Maldición, Kagome! –grité y salí corriendo en dirección al pozo. En cuanto llegué me lancé dentro, pero no logré atravesarlo. Me quedé en el suelo, golpeándolo fuertemente con el puño. - ¡Maldición, maldición, maldición! – repetía con cada golpe.

-¡¿Qué sucede Inuyasha?! –cuestionó el bonzo fuera del pozo en tono preocupado. Resignado salté fuera del pozo para contarles lo que pasó. Afuera estaban Sango vestida con su traje de exterminadora y su Hiraikotsu, Miroku con su báculo, Shippo y Kirara. Acto seguido todos retrocedieron un par de pasos y me miraron con ¿sorpresa, miedo, recelo?

-¡¿Por qué ponen esa cara?! ¡Es como si nunca me hubieran visto! –les eché en cara. Es curioso mi voz sonaba más rasposa de lo normal como cuando me transformaba en youkai. En ese momento todo me quedó claro, rápidamente miré mis garras y me toqué el rostro; definitivamente me había transformado…

En este capítulo, se mencionan algunos periodos o épocas de Japón. No todas las cosas que se mencionan fueron ciertas; en el relato hay tanto hechos reales como cosas sacadas de mi imaginación. Igualmente varias de las cosas que se mencionan del sintoísmo y el budismo son solo invenciones mías, por lo que no se lo tomen tan a pecho. El Jinja shinto, también llamado "Shintoísmo de templo", es la adoración a los dioses profesada en templos; es considerada como la forma original de la religión y sus orígenes se remontan a la prehistoria del país.

La era Kofun se extiende del año 250 al 530 d.C y en ese tiempo la única religión existente en Japón era el sintoísmo y si se basaba en la adoración a múltiples Kamis de la naturaleza o niveles superiores de la existencia. En el periodo Asuka que se extiende del año 552 al 710 d.C. se introdujo el budismo, por influencias Chinas, a Japón (tal como lo dice la historia) y trajo consigo una serie de conflictos dentro del país, pues algunos miembros de la corte vieron con buenos ojos su difusión ya que era más sencillo sentar una nueva base jerárquica religiosa bajo la figura de una deidad omnipotente, a diferencia de los cientos de kamis del sintoísmo. Posteriormente se instauró como la religión oficial en el año 587 d.C lo demás no me consta.

Los personajes de Ryota y Ayako son míos, no de Rumiko; y significan "pureza, respeto, veneración, estima" y "niña erudita" respectivamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario