DISCLAIMER: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a Rumiko Takahashi, la historia si es mía y también algunos otros personajes. No hago esto con fines de lucro.
Capítulo 2. Entrenamiento.
******************* Kagome's POV *******************
El día llegó con una nueva esencia de esperanza, hoy comenzaría a entrenar para regresar a la época antigua. Me levanté con la determinación corriendo por mis venas, me di un baño, desayuné y partí rumbo a una librería para encontrar el material con el que podría terminar con mis deberes. Había sido una suerte que el día de ayer fuera viernes y pudiéramos darnos el lujo de no hacer la tarea ese mismo día. Busqué a la encargada y ella me indicó en donde podría encontrar lo que necesitaba. Me dirigí a la sección de la librería y divisé rápidamente un libro que me sería de utilidad.
Miré la hora en mi reloj e indicaba que eran las 7 de la mañana por lo que pensé que todavía tendría algo de tiempo para curiosear por el establecimiento. Me gustaba mucho leer y llevaba bastante dinero como para adjudicarme unos 10 económicos ejemplares para lectura recreativa. Comencé a caminar inconscientemente a un librero por el cual me sentía atraída.
Observé detenidamente la variedad de libros que se desplegaban frente a mis ojos y detecté que trataban sobre religión, espiritualidad, yoga, brujería, herbolaria, medicina natural y temas relacionados. Inmediatamente uno de los libros llamó mi atención; era un libro que parecía bastante viejo, con la cubierta de cuero negro llena de polvo. Me estiré para tomarlo y lo limpié un poco con la manga de mi suéter para poder ver lo que decía la portada. No pude descifrar ni siquiera el título del libro ya que solo tenía kanjis desconocidos para mí, parecía una escritura bastante antigua por lo que era comprensible que no entendiera ni una sola palabra; tal vez debería llevarle a la anciana Chie mi descubrimiento para ver si ella podía descifrar lo que decía.
Agarré un par de libros sobre el budismo y la meditación, otros 3 sobre herbolaria, uno de medicina natural y uno más sobre hechizos y conjuros que se veían muy interesantes. Si quería ser una buena sacerdotisa, mejor era conocer sobre estos temas. Finalmente tomé todos los ejemplares que había elegido y me dirigía la caja para pagar la cuenta. Afortunadamente hacían descuentos a estudiantes porque de lo contrario no hubiera sido capaz de pagar por todas mis costosas adquisiciones, sonreí el día apenas comenzaba y ya parecía prometedor.
Me encaminé a la tienda de antigüedades para cumplir con mi compromiso que había hecho el día anterior. Al entrar me sorprendí de ver la estancia menos aterradora que antes, quizá se debía a que ya no desconocía a lo que me enfrentaba. Chie salió del cuartito trasero, me miró y me regaló una cálida sonrisa.
-¡Buenos días maestra Chie! – Saludé respondiéndole a su cálida sonrisa con una igual de radiante.
-Llegas tarde niña – Me regañó con una mirada de reproche pero en un tono suave –Anda, pasa, debemos empezar – Y se sentó en la sala.
Me dispuse a seguirla y me senté enfrente de ella, me ofreció una taza con té y comenzamos a charlar:
-Kagome, niña, ¿Sabes que deberás de entrenar muy duro, verdad? – Me preguntó y yo solo asentí una vez –Deberás entrenarte tanto física como mental y espiritualmente – Continuó y me miró con advertencia – Va a ser agotador y puede resultar muy doloroso, lo que debes preguntarte es ¿Vale la pena el sacrificio?.
-¿Qué si lo vale? – repetí quedamente más para mí que para Chie –¡Claro que lo vale, Inuyasha lo vale! Por Kami, ¡Daría mi vida por él!, así que entrenaré incansablemente para regresar a su lado, no importa cuánta sangre, sudor y lágrimas me tome, ¡Lo lograré! – Mi voz fue incrementando su volumen conforme fui dando mi respuesta, unas fuerzas arrasadoras se combinaron con mi sangre y recorrieron mi cuerpo entero.
-¡Eso era lo que quería oír niña!, veo que estás lista para empezar con el desafío, acompáñame – dijo tomando el último sorbo a su taza y dirigiéndose al pequeño cuarto trasero de la tienda.
Inmediatamente la seguí, toda la adrenalina que acababa de liberar por mi afirmación me mantenía en un estado de alerta. Entramos al cuarto, lo primero que observé fue lo que parecía una gran caja blanca. Me acerqué un poco más y al observarla detenidamente me percaté que era una maqueta muy similar a la que caímos en el Sengoku un tiempo atrás. Sentí un poco de miedo y retrocedí un par de pasos, miré a Chie fijamente a los ojos por un momento en busca de respuestas.
-Éste es el lugar donde entrenarás – Hizo una pausa para evaluar mi reacción –No te preocupes, te sacaré en las noches para que regreses a casa con tu familia y puedas asistir al colegio entre semana" – explicó escrutando mi rostro.
—Por tu expresión creo que entiendes lo que esto es, así que ya no tengo mucho que decirte. En ese mundo, el tiempo corre más lento, por lo que 1 hora de entrenamiento equivaldrá a unas 6 horas aproximadamente aunque tú no envejecerás a ese ritmo. Yo te acompañaré y entrenaremos juntas los primeros días, después lo harás tu sola mientras yo atiendo el local. —Dijo elocuentemente.
–Conforme vayas dominando los ejercicios, te los iré cambiando. Pero no te confíes, tu entrenamiento no terminará aquí, ya que deberás continuar algunas lecciones en tu casa y ejercitarte diariamente para mejorar tu condición física.
-Entendido – Fue todo lo que pude contestar, ya que yo todavía no salía de mi asombro, esa mujer siempre lograba sorprenderme.
-Ah… Y Kagome, no tengas miedo – exclamó dubitativa -Una de las primeras lecciones es aprender a salir de allí, ya sabes en caso de emergencia o de que me duerma o algo por el estilo.
-Muchas gracias – expresé mientras sentía como mi tensión se iba y me relajaba lentamente. Me regañé mentalmente por haber desconfiado de Chie en un principio, ella era una buena mujer que solo me ofrecía su ayuda.
-Muy bien, pues empecemos – dijo con un extraño brillo en sus negros ojos y de repente nos vimos dentro de la maqueta.
Era un hermoso jardín, se veía el cielo azul con algunas nubes a lo alto, había varios árboles frondosos que se parecían mucho a los de la época feudal, una montaña con picos pronunciados, una hermosa cascada y un río con su arroyo. Parecía un paraíso para vacacionar, pero estaba segura que pronto se volvería mi infierno personal.
El primer día de entrenamiento fue agotador, apenas podía permanecer en pie, regresé a mi hogar caminando trabajosamente, me di un buen baño con agua caliente, entré a mi habitación, me lancé a la cama y me quedé profundamente dormida.
Desperté muy temprano el día siguiente, me levanté trabajosamente de la cama y me acerqué a mi escritorio, debía hacer la tarea para entregarla en la clase. Escribí la leyenda sobre la creación de la Shikon no tama poniendo énfasis en la teoría budista, revisé la ortografía, escribí la referencia y satisfecha la guardé en la mochila.
Bajé a desayunar rápidamente, me despedí de mi madre con un beso en la mejilla y salí corriendo rumbo a la tienda de antigüedades para entrenar. Los ejercicios serían los mismos del día anterior.
Iniciaríamos con un poco de calentamiento y luego procedería a correr como desquiciada por todo el paraíso "para tener una buena condición física, ¡Bah, con lo tanto que me gusta correr!", 1000 lagartijas y 1000 abdominales; pasado esto haríamos una pequeña pausa para almorzar, continuaríamos con ejercicios de concentración fijándome por horas en la llama de una maldita vela; después procedería a practicar movimientos que parecidos a los del Tai chi en busca de "encontrar mi equilibrio" y para finalizar con la tortura tendría que meditar por horas controlando mis sentidos mientras el agua de la cascada me congelaba el trasero. Pero haría eso y más por Inuyasha por lo que mis quejas estaban fuera de lugar.
Iniciaríamos con un poco de calentamiento y luego procedería a correr como desquiciada por todo el paraíso "para tener una buena condición física, ¡Bah, con lo tanto que me gusta correr!", 1000 lagartijas y 1000 abdominales; pasado esto haríamos una pequeña pausa para almorzar, continuaríamos con ejercicios de concentración fijándome por horas en la llama de una maldita vela; después procedería a practicar movimientos que parecidos a los del Tai chi en busca de "encontrar mi equilibrio" y para finalizar con la tortura tendría que meditar por horas controlando mis sentidos mientras el agua de la cascada me congelaba el trasero. Pero haría eso y más por Inuyasha por lo que mis quejas estaban fuera de lugar.
Entré al local y me encaminé rápidamente hacia mi penitencia. Me sentía en un entrenamiento militar, solo que sin el corte de soldado raso y agradecía eso infinitamente. El día siguió tal y como el programa estaba estipulado hasta avanzada la tarde cuando Chie determinó que era suficiente entrenamiento por el día. Salimos de la maqueta y nos dirigimos a la parte frontal de la tienda. Recordé que no le había mostrado mis adquisiciones el día anterior y que por lo tanto no le había enseñado aquel extraño libro. Me acerqué a la mochila y puse los libros en el mostrador para que Chie los examinara; miró superficialmente los ejemplares y se detuvo en el libro antiguo. Sus ojos se abrieron en demasía y la expresión de sorpresa en su rostro se vio esculpida por largo rato.
-Niña, ¿Dónde has conseguido esto?, ¡Dímelo! – Exigió con curiosidad en su voz y sin cambiar la expresión de su rostro.
-En la librería cercana a mi casa, lo encontré en uno de los anaqueles y me llamó la atención; fue como si el libro me llamara y pidiera que lo comprara. ¿Por qué, hay algo malo con él? – Pregunté desconfiada.
—No cabe duda que tu destino sí que es peculiar. —Dijo misteriosamente—. Niña, cuida mucho este libro, por ahora no puedo decirte más, pero lo sabrás cuando estés lista. —Sentenció y se dio la vuelta dejándome anonadada.
Me despedí y regresé caminando lentamente a mi casa intentando dilucidar lo que Chie quiso decirme, no logré obtener ninguna respuesta por lo que decidí dejar el tema de lado y dedicarme a pensar en mi amado. "¿Qué estarás haciendo Inuyasha? ¿Me habrás olvidado ya? Tan solo espérame, pronto estaremos juntos de nuevo."
A la mañana siguiente asistí al colegio como era la costumbre, la noche pasada había decidido que para poder adquirir las destrezas para sobrevivir en el Sengoku debía de entrenar con mi arco y hacerme una experta en artes marciales. Me decidí por las artes marciales porque recordé que yo siempre era la víctima de algún secuestrador, así que la próxima vez le patearía el trasero a quien quisiera secuestrarme o dañar a alguno de mis amigos.
Caminé hasta la ventanilla de inscripción a actividades estudiantiles y me apunté en el club de arquería, el de gimnasia y el de aikido. El plan parecía perfectamente diseñado, en el club de arquería mejoraría mi puntería y tiro, en el de gimnasia adquiriría equilibrio, condición, flexibilidad y fuerza y finalmente en el club de aikido aprendería a defenderme de una manera segura y no violenta. Después de todo iba a ser una sacerdotisa y no podía herir a ningún ser vivo, solo podría defenderme en caso necesario. Todo iba bien hasta que caí en la cuenta de lo que implicaba; para llegar a las metas determinadas debía entrenar bastante, y si ya me encontraba exhausta con el entrenamiento de Chie, al aumentar mis actividades iba a hacerme polvo.
¡¿Pero cómo pude ser tan tonta?! Me acababa de echar la soga al cuello, la buena noticia era que aparte del de Chie, el único entrenamiento diario era el de gimnasia, el de aikido era 4 veces a la semana y el de arquería solo 2. Igualmente sería muy duro, pero estaba segura de lograr cumplir mis cometidos.
En las disciplinas a las que me acababa de unir, me dieron una cálida bienvenida; los profesores me pusieron a prueba y quedaron satisfechos con los resultados. Al parecer el huir por todo el Sengoku de los youkais que me querían devorar había servido de algo, mi puntería con el arco era muy buena y mi capacidad de gritar aún mejor.
La semana pasó sin mayores complicaciones, mejoré mi capacidad de concentración y ya lograba olvidarme del frío cuando estaba en la cascada meditando. Adicionalmente descubrí que ya no me cansaba tanto en ninguna de mis actividades por lo que los entrenamientos se habían hecho más llevaderos. En las noches todavía me tomaba un tiempo para leer los libros que se habían adicionado a mi basta colección.
Tal y cómo lo había prometido Chie, una vez que hube dominado los ejercicios, me mostró la forma de salir de aquel sitio. Era bastante sencillo, solo debía concentrarme en la tienda de antigüedades y decir el conjuropara inmediatamente después ser transportada a dicho lugar. Ese conjuro se podía aplicar para ir a cualquier sitio, pero como requería de una gran cantidad de energía espiritual, un lugar cercano era la mejor opción. Conforme fuera avanzando en mis lecciones, sería capaz de llevar a varios acompañantes conmigo y recorrer grandes distancias de esta manera. Por el momento solo lo hacía para entrar y salir de la maqueta con Chie.
Los ejercicios también me fueron cambiados, ahora hacía el mismo recorrido corriendo pero con Chie sobre mi espalda, hacía 2000 lagartijas y abdominales y en vez de solo observar fijamente a la vela como lo había estado haciendo, debía procurar que la llama se pagara y encendiera según mi voluntad. Las meditaciones seguían siendo igual debajo de la helada cascada, pero yo las sentía menos duras. Adicionalmente a esto, comencé a practicar conjuros sencillos, a hacer pequeñas invocaciones y a practicar con mis poderes de curación.
El tiempo pasó y poco a poco fui venciendo los retos que Chie me ponía enfrente, habían pasado casi un año desde que había iniciado a entrenar y ya dominaba varias cualidades de la sacerdotisas, mi sexto sentido estaba mucho más desarrollado y mi instinto de batalla se encontraba en excelentes condiciones. Había comenzado a tener sueños y visiones proféticas por lo que me encontraba un poco más cansada de lo normal, pero fuera de eso me encontraba muy bien.
En cuanto al colegio todo seguía igual y en los clubes a los que me había unido, había hecho algunos avances. En arquería era bastante buena, al parecer ser la reencarnación de Kikyou y mi constante práctica en el Sengoku habían sido un par de cartas a mi favor. Mi entrenadora estaba tan impresionada con mi desempeño que me había seleccionado para concursar en la competencia del distrito. La gimnasia me gustaba, a lo largo de ese tiempo había mejorado un poco en esa disciplina, si bien era cierto que no había logrado ser sobresaliente, al menos todavía no me habían echado a patadas por mi torpeza, probablemente se debiera a que tenía mucha flexibilidad y fuerza en las piernas. En aikido acababa de subir de rango, me había costado mucho trabajo, había sido la última de la clase en lograrlo pero a fin de cuentas eso no era lo importante. Ya podía defenderme en caso de una emergencia.
Todo estaba yendo bastante bien, a este ritmo lograría volver muy pronto con Inuyasha. Para mi desgracia le había prometido a mi madre que antes de regresar al Sengoku me graduaría del colegio por lo que debía permanecer en este tiempo durante poco más de 2 años; además todavía tenía mucho que aprender para ser capaz de desbloquear el poso y viajar en el tiempo nuevamente.
******************* Inuyasha's POV *******************
La mañana eventualmente llegó y con ella un camino distinto. Me desperecé y bajé del árbol, olí el aire en busca de amenazas y lo único que pude detectar fue el olor a pescado asado para el desayuno. Entré a la cabaña y encontré a todos comiendo.
-¡Buenos días dormilón! – Dijo Shippo inmediatamente.
-Buenos días Inuyasha – Saludó Miroku sin dejar de beber su té –Estabas tan tranquilo que no quisimos despertarte, con la sonrisa que tenías impresa en el rostro me imagino que cierta señorita vino a visitarte en sueños, ¿O me equivoco Inuyasha? – Insinuó el bonzo con una ligera sonrisa.
-¡Keh! ¡Estás equivocado monje libidinoso! – Grité con un terrible sonrojo –Además si así fuera, eso es algo que no te incumbe, ¡Feh! – Aclaré y procedí a hincarle el diente al apetitoso pescado.
-¡Oye, perro tonto ese es mi pescado! – Lloriqueó Shippo.
-¡Cállate enano, ya has comido suficiente, este es mío! – Vociferé y le di un tremendo coscorrón en la cabeza.
Shippo estaba a punto de regresarme el golpe cuando nos vimos interrumpidos por una imponente presencia que me parecía ya bastante conocida. Sesshomaru había vuelto. Y no sé por qué, pero tenía la impresión de que esperaba que le diera una respuesta acerca de la propuesta que me había hecho el día anterior. ¡Keh! Vi a la cachorra que salía a su encuentro y me atraganté con el pescado antes de salir tras ella. Lo divisé bastante cerca, despidiéndose de ella. Esperé por un rato que la niña se fuera y cuando ésta lo hizo solté mi respuesta cual bomba.
-Acepto – pronuncié como si Sesshomaru estuviera al tanto de mis pensamientos, luego se hizo lo que parecieron unos minutos eternos de incómodo silencio.
Sesshomaru esbozó una pequeña sonrisa y su sirviente, el sapo se puso completamente blanco, petrificado por el miedo, con una mueca de extremo pavor. Lo admito el ver a Sesshomaru sonreír me dio pánico, un tremendo escalofrío me recorrió la espalda entera erizándome el pelo y la piel. El que él sonriera no indicaba más que algo terrible iba a suceder, posiblemente el fin de alguna civilización o la extinción de alguna especie. Reprimí el impulso de temblar como "gelaenlatina" o como sea que se llamara el resbaloso postre que Kagome traía de su tiempo.
-¿Qué es lo que dices Inuyasha?, no sé de qué hablas, ¿Podrías recordármelo? - Dijo con sorna en la voz.
-¡Keh! ¡Maldito Sesshomaru! ¡No te hagas el tonto que bien sabes de lo que hablo! –Exclamé contrariado – Te prometo cuidar de tu humana cuando no te halles cerca, pero enséñame a controlar mi sangre youkai.
Sesshomaru me miró inexpresivo por unos instantes, podría decirse que se encontraba completamente extraviado en sus pensamientos. Tras varios minutos el silencio se vio interrumpido por su respuesta:
-Tú nunca serás digno de nada por ser un híbrido… Pero aun así no puedo permitir que sigas poniendo en vergüenza el nombre de nuestro clan, por lo que yo el gran Sesshomaru no tengo otra alternativa más que entrenarte – Hizo una pausa –.El entrenamiento será insufrible, no será ningún juego de niños, por lo que si no estás dispuesto a sufrirlo ¡Lárgate ahora mismo! – Espetó –Si estás seguro de querer emprenderlo, ¡Andando! – Finalizó dándose la vuelta y caminando rumbo al norte. Me levanté y antes de poder seguirlo, alguien llamó mi atención.
-¿Te vas Inuyasha…? – Pronunció Miroku más en forma de afirmación que de pregunta –Sabes que para nosotros tu eres el más digno amigo que tenemos y que para la señorita Kagome eres mucho más…
Detuve mi andar y me quedé dándole la espalda unos cortos momentos, oculté la mirada tras mi flequillo y contesté:
-Adiós Miroku, debo hacer esto… – Afirme y mi amigo se quedó callado por un tiempo.
-Te entiendo Inuyasha, nada más no olvides que somos tus amigos y te queremos. Por favor asiste a nuestra boda, no sería lo mismo sin ti e Inuyasha… cuídate – dijo con nostalgia.
Sin decir nada retomé mi camino dejando a mi amigo atrás. "Lo siento mucho Miroku, pero es la única forma de ser digno de Kagome y de soportar su ausencia. Te prometo que asistiré a tu boda y te encargo que cuides de Shippo y de la aldea en mi ausencia. Hasta pronto Miroku, Sango, Shippo, Kirara y Kaede." Fueron las palabras que no pudieron abrirse paso por mis labios y que se quedaron solamente en mis pensamientos. "Hasta pronto chicos".
Aceleré el paso para alcanzar al daiyoukai, con mi olfato comencé a rastrearlo hasta que tras varias horas de camino di con él. Nos encontrábamos en un conjunto de volcanes parecidos a donde el viejo Totosai vivía. El suelo se sentía extremadamente caliente, es probable que un humano no pudiera soportar la temperatura de aquel lugar, el aire era sofocante con un horrible aroma a azufre, era tan intenso que podía quemar los pulmones. En ese momento "mi querido medio hermano" casi me corta el cuello con sus garras venenosas.
-¡¿Pero qué demonios te pasa?! – Grité confundido después de esquivarlo –¡Maldito Sesshomaru ¿Te has vuelto loco?! – Vociferé cargado de rabia por su traición.
-¡Hmph!, Te estoy entrenando tal y como lo prometí- dijo tranquilo, luego esbozó una pequeña mueca burlona y continuó –Deberás luchar conmigo y defenderte sin usar a Tessaiga en estos territorios. ¡Solo te advierto que no tendré piedad alguna! – Gritó mientras se lanzaba nuevamente en un ataque mortífero…
-¡Eres patético! – Sentenció casi con asco –Tenemos mucho trabajo que hacer, ¡Andando! – Ordenó continuando su camino a través del amenazante territorio dejándome atrás.
Yo me encontraba mal herido, cuando Sesshomaru dijo que no tendría piedad no estaba diciendo ninguna mentira. Tenía varios cortes, algunos superficiales y otros bastante profundos. Todo el cuerpo me dolía y mi visión estaba fallando. En uno de mis descuidos el Daiyoukai logró perforarme parcialmente el estómago con sus garras venenosas, por lo que había perdido una considerable cantidad de sangre. En un esfuerzo sobrehumano, logré levantarme sosteniéndome de Tessaiga como si ésta fuera un bastón. Intentaba ignorar el terrible dolor que tenía, cada paso representaba una agonía, estaba seguro que tenía varias costillas rotas y que comenzaba a presentar fiebre; pero no iba a rendirme.
Caminamos un tiempo que pareció eterno y luego nos detuvimos cerca de un rio. Sesshomaru se sentó con una pierna estirada debajo de un árbol mientras Jacken y Ah-Un reposaban junto a una pequeña fogata lejos de él. Lo observé unos minutos y le dirigí una breve mirada de agradecimiento, estaba seguro que mi hermano nos había traído a este claro con el río para que pudiera descansar y recuperarme de mis heridas. Me acerqué al rio y bebí un poco de agua, decidí darme un baño para lavarme las heridas y bajar la fiebre. Al poco tiempo salí sintiéndome mejor y opté por dormir un rato, después de todo este solo había sido el primer día de entrenamiento, debía estar preparado para el segundo.
Así fueron pasando los días y Sesshomaru cada vez era más brutal en los entrenamientos, parecía que cada vez ideaba formas más dolorosas y peligrosas de entrenarme, en un principio seguimos utilizando la zona volcánica donde encontró una sección con geiseres y enormes cráteres con lava. En más de 50 ocasiones estuve a punto de morir cayendo dentro de uno de esos. Después cuando hube logrado esquivarlo y vencido en aquel territorio emprendimos nuestro camino hacia lo que parecía el mismísimo inframundo. Una vez ahí el daiyoukai me obligó a hacer ejercicios de concentración los cuales gracias a mi "famosa e interminable paciencia" me parecieron una tortura más cruel que ser desollado vivo.
Cuando al fin pude controlar mi mente en el estado deseado, todo fue más fácil. Sesshomaru me puso a luchar sin Tessaiga contra cientos de letales monstruos al mismo tiempo mientras me miraba sin interés. Fue entonces cuando distraje mi atención a los seres con los que luchaba que Sesshomaru me atacó despiadadamente por la espalda arrebatándome mi querida espada y lanzándola lejos. Pronto dejé de atacar a las criaturas de esa tierra donde se respiraba shouki como si fuera aire y comencé a prestarle atención al daiyoukai que se disponía a matarme. Lo esquivé tanto como pude, pero sus zarpazos venenosos cada vez eran más certeros y los otros youkai aprovechaban mi distracción para atacarme. Al cabo de unos instantes Sesshomaru dio de lleno en su objetivó y me causó unas heridas bastante serias.
Sentí como mi sangre youkai comenzaba a despertar y a tomar control de mi mente y cuerpo. Sentí las conocidas palpitaciones de mi cuerpo al empezar con la transformación. Vi como mi youki (energía básica y esencial de los demonios) comenzó a incrementarse exponencialmente y a rodearme cual tornado. Sentí como aparecían las marcas en mi cara y cómo crecían mis garras y colmillos.
-¡Contrólate Inuyasha! – Ordenó mi hermano con desidia –Es el momento en que controles tu mente y cuerpo para que hagan tu voluntad. Ahora aprenderás a controlarte en ese estado y a explotar tus habilidades estando transformado, así que ¡Pelea! – Gritó lanzándose al ataque nuevamente…
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