DISCLAIMER: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a Rumiko Takahashi, la historia si es mía y también algunos otros personajes. No hago esto con fines de lucro.
Capítulo 4. Contacto.
******************* Kagome's POV *******************
Después de la fiesta, mi madre le ofreció a Chie quedarse. Después de todo era peligroso para una anciana el andar en las calles de Tokio a esas horas, por lo que sin quererlo todo se nos había puesto en bandeja de plata. Ella nos dio las buenas noches y se retiró a su habitación a descansar, cuando nos hallamos completamente a solas Chie explicó:
-Niña, este ritual es muy antiguo y tiene varios requisitos para su elaboración – dijo seriamente mientras estudiaba mi reacción viéndome a los ojos, yo únicamente me limité a asentir levemente instándola a continuar. –Solo debe ser efectuado en los equinoccios por seguridad y necesita gran cantidad de energía espiritual -como no dije nada continuó –Dime niña, ¿estas lista?
-Si –Fue mi escueta respuesta.
-Pues entonces te enseñaré a realizar el rito –sentenció misteriosa levantándose de su lugar.
Salimos de la casa y caminamos a lo largo del patio del templo hasta que paramos frente al árbol sagrado, Goshinboku. De su morral sacó un pequeño paquete de lo que parecían sales aromáticas y me lo entregó en la mano izquierda.
-Cámbiate tus vestimentas por la de una sacerdotisa y toma tu arco del Monte Azusa –me ordenó y yo obedecí inmediatamente -Traza con él un círculo amplio a tu alrededor –Una vez que hube terminado con eso me volvió a instruir –Ahora dibuja una estrella de seis puntas dentro y esparce las sales que te di en su contorno.
Al cumplir con la tarea, me entregó cuatro extraños amuletos de oro gravados en distintos colores. Yo los miré con curiosidad y me percaté que tenían los kanjis y las figuras de las cuatro bestias legendarias. Con la ayuda de una brújula los ubicamos en sus puntos cardinales correspondientes.
El primer medallón tenía un bello tigre blanco gravado, correspondiente a Byakko la bestia protectora del Oeste que simboliza al elemento del viento y el otoño. El segundo poseía la imagen de Genbu, la tortuga con la serpiente guardiana del Norte símbolo del elemento tierra y el invierno. El tercer amuleto mostraba la figura del imponente dragón azul del este Seiryu, señor de la primavera y el agua. El último tenía la imagen de Suzaku el ave fénix del sur, la bestia del fuego y el verano.
Cuando terminamos de colocar los amuletos Chie me dio la instrucción de ubicarme en el centro de la estrella, luego esparció alcohol con esencia de rosas alrededor del círculo y sin decir más sacó un cerillo y le prendió fuego…
La sorpresa me invadió al igual que una emoción que no pude distinguir, podría ser ¿Miedo, ansiedad ilusión? Sinceramente no lo sé, solo tenía en mente que ahora tenía la oportunidad de comunicarme con Inuyasha y que no la iba a desperdiciar.
-¡Niña, pon atención! debes de cuidar que tu mente este bien concentrada en el demonio que quieres invocar al momento de decir el conjuro y permitir que la energía salga disparada de tu cuerpo –indicó Chie con tono serio pasándome un antiguo pergamino –Ahora memorízalo para que lo digas justo al momento del equinoccio, sugiero que te des prisa, ya casi es hora –Finalizó.
Leí el conjuro con atención y lo aprendí como si mi vida dependiera de ello, que en cierta forma así era, ya que a pesar de haber aceptado que solo me encontraría con Inuyasha hasta dentro de dos años y medio más, la esperanza de saber de él antes, había descontrolado mis emociones. En el último año apenas pude sobrevivir a la falta de mi amado y ahora que nos encontrábamos tan cerca mi corazón latía tan rápido que temía tener un ataque antes de poder terminar con el ritual.
-Párate derecha, abre un poco las piernas y dobla tus dedos anular, meñique y pulgar de la mano derecha hasta que se toquen, manteniendo bien derechos los otros dos dedos, ahora lleva esa mano frente a tu corazón, cierra los ojos visualizando al demonio y repite el conjuro claramente que el momento ha llegado…
-Por el poder que Kamisama me concede y con la intervención de las cuatro bestias sagradas te pido a ti Enma-ho señor de los infiernos que convoques a Inuyasha el hanyou del Sengoku jidai. ¡Yo Kagome Higurashi te lo ordeno! –grité mientras sentía como un viento espectral se arremolinaba a mi alrededor moviendo violentamente mis vestimentas y cabello.
Abrí los ojos con lentitud al terminar con la sentencia y vi como el fuego se levantaba formando una temible pared que me dejaba sin alguna posible vía de escape, los amuletos comenzaron a brillar intensamente y los espíritus de las cuatro bestias se liberaron rodeándome cual tiburones a su presa, sin embargo en vez de sentirme amenazada me sentía extrañamente protegida. El viento dentro del círculo parecía enfurecerse a cada instante volviéndose un poderoso tornado preparado para destruir…
******************* Inuyasha's POV *******************
-¡Ay mi colita! –Lloriqueó el molesto zorrito –¡Perro tonto!, ¿Por qué me tratas así? –gritó enfadado mientras me daba un golpe en la cabeza.
-¡Enano, ya deja de fastidiar! – Comencé a pelear con él.
-Inuyasha, por favor cuéntanos lo que has estado haciendo amigo –Interrumpió Miroku con una impecable sonrisa de curiosidad pintada en el rostro.
-Etto… pues yo… solo he estado entrenando con Sesshomaru… –dije no muy convencido y bajando la vista.
Un incómodo y largo silencio se hizo en la cabaña, por lo que decidí voltear a ver qué es lo que les había ocurrido a mis amigos. Al darles un vistazo me encontré con que ellos estaban completamente quietos, no movían ni un solo músculo, retenían el aire y me miraban fijamente con asombro e incredulidad. En un principio no supe cómo reaccionar por lo que también me quedé quieto pero después la ira y desesperación me cubrieron haciéndome reaccionar con cierto deje de violencia.
-¡Pero qué es lo que están mirando! ¡Sus expresiones me dan nauseas! ¡Así que dejen de verme así de una maldita vez! –vociferé mientras me ponía de pie y los amenazaba con mi puño.
-Lo sentimos mucho amigo, pero no esperábamos esa respuesta de tu parte –dijo Miroku palmeándome fraternalmente el hombro –Ahora toma asiento y explícanos.
-¡Feh! Está bien –dije mientras me sentaba cruzado de piernas y me rascaba la cabeza –Bueno… etto… Sesshomaru me pidió proteger a Rin en su ausencia… mmm y a cambio dijo que me enseñaría a controlar mi sangre youkai… por lo que lo seguí… ¡Feh! Ese maldito no me la puso fácil… pero les diré que estoy satisfecho con los resultados… mmm no sé si nos iremos pronto pero creo que nos quedaremos por una temporada…
Nuevamente observé a mis amigos y los encontré completamente pasmados. Sus rostros pasaban por muchas emociones con rapidez: confusión, sorpresa, incredulidad, preocupación, diversión y otras cosas que no pude distinguir. En eso me percaté que la cara de Sango pasó a mostrar enojo, le iba a preguntar el por qué cuando ¡Pas! Le dio a Miroku semejante bofetada que hasta a mí me ardió el cachete.
-¡Su excelencia, usted es un pervertido y depravado! ¡¿No puede controlar sus impulsos ni estado frente a los demás?! –gritó una furiosa Sango mientras amenazaba al bonzo con su puño.
-¡Perdóname Sanguito, pero es que me cuesta controlarme estando tu tan hermosa y tan cerca! – suplicaba el monje.
-¡Maldito monje libidinoso! ¡No tienes vergüenza! ¡Yo aquí de tonto platicándote y tu ahí de pervertido con tus mañas! ¡Keh! –dije interrumpiendo su discusión.
-Lo siento amigo, no fue mi intención, pero es que estoy muy feliz que hayas vuelto, aunque sea por un tiempo, ya que ahora que contamos contigo, Sanguito y yo podemos casarnos.
En ese momento me quedé sin palabras y abrí los ojos a más no poder, no sabía cuánto tiempo pasaría hasta que Sesshomaru decidiera que partiéramos y me alegraba por ellos, sin embargo una parte de mi se entristeció ya que eso me recordaba que Kagome no estaba a mi lado y no estaba seguro de que pudiera o siquiera quisiera volver conmigo algún día. Me les quedé viendo en silencio unos momentos que parecieron eternos y luego sin decir nada salí corriendo a toda velocidad en dirección al pozo…
Me quedé observando con tristeza el fondo del pozo que me separaba de la mujer que adoraba con locura preguntándome por qué Kamisama me odiaba tanto, por qué se ensañaba en arrebatarme todo lo que yo quería o era importante para mí, primero mi padre, luego mi madre, Kikyou y Kagome…
-Lamento si dije algo que te molestara amigo –Escuché a mis espaldas. Estaba tan entrado en mis pensamientos que no me había percatado de la presencia de Miroku. Como ni siquiera lo voltee a ver continuó –Veo que extrañas a la señorita Kagome, lo siento mucho Inuyasha, pero ya verás que pronto sus caminos volverán a cruzarse, su destino es estar juntos, ya lo verás, Kamisama sabe porque hace las cosas. Es casi media noche, ¿Quieres regresar a la cabaña con nosotros? –preguntó amablemente.
-No, quisiera estar solo un rato más –le contesté sin mirarlo a la cara.
-Entiendo, sabes que cuentas con nosotros, si quieres hablar o algo ya sabes dónde encontrarme –Sin esperar a que le contestará se fue por donde llegó y me dejó solo junto al pozo devora huesos.
-Gracias, Miroku. –dije quedamente antes de quedarme solo de nuevo y tener espacio para ocuparlo en mis pensamientos por Kagome.
******************* Kagome's POV *******************
El olor del té de jazmín me despertó por la mañana, estaba completamente desorientada por lo que intenté mirar a mi alrededor para descubrir mi ubicación, me tomó unos minutos darme cuenta que me encontraba en el sillón de mi casa con la pijama puesta, un severo dolor de cabeza me asaltó, sentía como si me hubieran golpeado con un martillo, trabajosamente me incorporé y un terrible mareo me tumbo de nuevo en el sofá.
-Al fin despiertas niña -Al instante reconocí esa voz, se trataba de Chie por lo que me animé a hacer otro intento de incorporarme lográndolo con éxito- Me tenías preocupada, tal vez lo mejor hubiera sido esperar a que maduraras más tu poder espiritual –Reflexionó en voz alta haciendo que creciera una sensación de vacío en mie estómago –pero en fin lo hecho, hecho está –dijo encogiéndose de hombros para restarle importancia al asunto –, ahora dime ¿Cómo te sientes?.
-Mmm… me duele bastante la cabeza y estoy algo mareada, pero fuera de eso me siento bien – le contesté sonriendo mientras trataba de levantarme del sillón, sin embargo la fuerza de mis piernas flaqueó y caí nuevamente sentada en el mismo.
-¡Cuidado niña! No hagas tanto esfuerzo, aún estás débil, ayer utilizaste mucha energía y necesitas descansar – me regañó, yo solo me limité a asentir y me senté derecha en el sillón.
Chie se acercó ofreciéndome una taza del delicioso té y una rebanada de pan tostado con mantequilla y mermelada de fresa, al darle un bocado mis ánimos mejoraron, sabía a gloria, rápidamente me terminé mi pan y le dí un par de sorbos al té antes de preguntar la duda que me carcomía por dentro…
-Chie, ¿Me puedes decir que sucedió ayer?, solo recuerdo haberme cambiado el atuendo por el de una sacerdotisa y haber agarrado el arco del monte Azusa… –afirmé no muy segura de lo que acababa de decir.
-No te preocupes niña, solo tienes que respirar profundo, cerrar los ojos y comenzar a meditar, verás que dentro de unos minutos los recuerdos asaltarán tu memoria, pero por ahora descansa un poco, necesitas recuperar fuerzas –sentenció sirviéndome un poco más de té y dándome otro pan tostado preparado.
-De acuerdo –contesté comenzando a comer nuevamente –¿Y mi mamá, Souta y el abuelo? -Solté a modo de pregunta.
-Tu hermano está en el colegio, tu madre salió de compras y tu abuelo está ordenando las cosas de la bodega del templo –contestó serena.
Me sobresalté por su respuesta, si Souta ya estaba en el colegio quería decir que ya era tarde y yo había faltado a clases, lo bueno es que ya llevaba un buen rato sin ausentarme por lo que no era malo que me tomara ese día para descansar y reunir fuerzas. Aun así, no sabía qué era lo que les iba a decir a todos que me habían visto perfectamente bien el día anterior, obvio no podía explicarles que había quedado muy cansada después de invocar al mismísimo diablo para comunicarme con mi amado Inuyasha en la otra era. ¡Me tomarían como una lunática! Mi expresión debía expresar muchos de mis pensamientos como si los dijera en voz alta ya que Chie me miraba curiosa, expectante, intentando descifrar lo que pasaba por mi cabecita, me sonrojé ligeramente y le di otro sorbo a mi bebida.
¡Era cierto! ¡Había invocado al señor del inframundo para comunicarme con Inuyasha!, y en ese momento todos los recuerdos regresaron a mi mente cual rayos.
.......
-Por el poder que Kamisama me concede y con la intervención de las cuatro bestias sagradas te pido a ti Enma-ho señor de los infiernos que convoques a Inuyasha el hanyou del Sengoku jidai. ¡Yo Kagome Higurashi te lo ordeno! –grité mientras sentía como un viento espectral se arremolinaba a mi alrededor moviendo violentamente mis vestimentas y cabello.
Abrí los ojos con lentitud al terminar con la sentencia y vi como el fuego se levantaba formando una temible pared que me dejaba sin alguna posible vía de escape, los amuletos comenzaron a brillar intensamente y los espíritus de las cuatro bestias se liberaron rodeándome cual tiburones a su presa, sin embargo en vez de sentirme amenazada me sentía extrañamente protegida. El viento dentro del círculo parecía enfurecerse a cada instante volviéndose un poderoso tornado preparado para destruir…
-kukukuku –Rio con maldad la tenebrosa figura que se abría paso entre las llamas.
-¡Shimeiteki! –Escuche exclamar a Chie angustiada.
-Tanto tiempo sin verte, sacerdotisa blanca… Veo que todavía me recuerdas… Y dime ¿cómo han estado desde que me condenaron? –preguntó con una sonrisa con sorna.
-Shimeiteki ¿A qué has venido? ¡El maestro Takumi te selló y te envió al infierno hace años! -afirmó impasible.
No lograba entender qué era lo que sucedía. Chie definitivamente conocía a ese ser, pero no parecían buenos amigos sino todo lo contrario. ¿Y quién era?... sabía que era un youkai; aunque pareciera un humano ordinario, percibía con claridad su poderoso youki. Mi cabeza iba a mil por hora "¿Sacerdotisa blanca?"... ¿Cómo había llegado ese ser a este mundo si se suponía que estaba en el infierno? La cabeza me daba vueltas, pero no había tiempo para pensar, debía hacer algo antes de que las cosas se salieran de control. Chie estaba frente a un enemigo y no podía abandonarla, después podría preguntarle con calma qué era lo que pasaba.
-Esa respuesta es simple… venganza –Se limitó a murmurar el aludido antes de intentar cumplir su amenaza. Con lo que él no contaba era con que yo me hallaba presente; al ver que Chie se encontraba en peligro no dude un solo instante y le lancé un flecha sagrada directo al pecho.
El youkai volteó a verme con la furia marcada en sus ojos y otra promesa de venganza salió de sus labios, yo me acababa de volver su siguiente blanco…
Shimeiteki se lanzó a atacarme pero no pudo hacerme daño alguno. Justo a tiempo pude utilizar mi arco para defendernos nuevamente, esta vez mi ataque fue mucho más poderoso, por lo que el daño que le causó lo dejó prácticamente indefenso. Mirándolo imperturbable le apunté la última flecha que sellaría su destino, pero antes de poder lograr mi cometido desapareció.
-¿Te encuentras bien Kagome? –Logré escuchar, volteé a ver a Chie y me di cuenta de que ella no había realizado la pregunta.
-¿Kagome?... ¿Realmente eres tú?... ¿Estás bien? –Volvió a preguntar esa voz tan familiar teñida con cierto tono de desesperación y angustia, esa voz que me hacía sentirme segura, en mi hogar. Sentí una calidez expandirse en mi pecho, rápidamente la paz volvió a cernirse sobre mí. Ahí estaba mi razón de vivir, viéndome fijamente con sus ojos dorados. Él parecía esperar mi respuesta, por lo que por fin salí de mi estupefacción y le contesté…
-Inuyasha, yo… estoy bien –respondí al borde de las lágrimas –No desesperes, regresaré por tí –le prometí sollozando. Me acerqué intentando tocar su rostro sin éxito ya que estando a punto de lograrlo, la imagen se desvaneció sorpresivamente. Sin poder evitarlo me derrumbé, mis piernas perdieron su fuerza y caí de rodillas llorando angustiosamente, lo había extrañado en demasía y verlo nuevamente sabiendo que faltaba lo que para mí era una eternidad, había abierto esa herida de mi corazón, dejando todas mis emociones a flor de piel. Después de eso todo se volvió negro…
........
........
Me levanté bruscamente del sillón tirando la taza de té en la alfombra y derramando su contenido.
-¿Qué fue lo que pasó ayer? ¿Quién era ese demonio que se hacía llamar Shimeiteki? Y ¿Qué pasó con él? –pregunté exaltada de manera ininteligible.
-¡Niña cálmate! –me ordenó –Veo que ya has logrado recordar lo que sucedió –dijo más para ella que para mi –Por ahora no te preocupes por eso, mañana te explicaré todo. Tú solo descansa, gastaste mucha energía ayer y no es bueno que te sobre esfuerces. Y no te preocupes yo limpiaré todo –me dijo regalándome una amable sonrisa que no le llegó a los ojos.
Sabía que ella me ocultaba algo y que fuera lo que fuera le preocupaba bastante. Estaba segura de dos cosas, la primera era que lo que había pasado la noche anterior había dado un vuelco a nuestro destino y la segunda que estábamos a punto de averiguar cómo.
******************* Inuyasha's POV *******************
De la nada un brillante círculo de energía me rodeo dejándome enjaulado, pude ver cómo se dibujaban las puntas de un estrella debajo de mis pies y cómo unas extrañas bestias me rodeaban. Sin dudarlo desenfundé mi espada y me posicioné para pelear. En un principio pensé que eran youkais dispuestos a atacarme, pero después me percaté de que concordaban con la descripción de las cuatro bestias sagradas por lo que decidí no eran una amenaza y guardé a Tessaiga nuevamente.
Las bestias comenzaron a girar rápidamente a mi alrededor poniéndome cada vez más nervioso, coloqué mi mano nuevamente sobre la empuñadura de Tessaiga cuando un conocido aroma llegó a mí. "Kagome, definitivamente es ella, no puedo equivocarme…" Instintivamente volteé a ver de dónde provenía aquella esencia y entonces la vi. Ella se encontraba observando bastante tensa hacia mi dirección, parecía estar tomando una decisión o algo parecido. Sentí resurgir un atisbo de esperanza en mi corazón… Kagome al fin había vuelto… Rápidamente zanjé ese sentimiento; no podía permitir sentir esa felicidad inundarme y luego ser reemplazada por decepción y dolor.
-Kagome –Apenas pude pronunciar su nombre. "Seguramente es un sueño" pensé.
Me fijé en que llevaba un atuendo de sacerdotisa muy parecido al que Kikyou solía usar, "Definitivamente es un sueño" me repetí, un instante después la vi observándome imperturbable y apuntándome con una flecha "Me equivoqué, este sueño está por volverse una pesadilla" concluí con amargura. Pero algo que no me esperaba sucedió; la flecha no vino en mi dirección sino que fue lanzada a otro lado, desvié la mirada para ver hacia donde se dirigía la flecha y pude divisar que había otro ser además de mí. Su aroma lo delataba como un youkai, intenté entender lo que pasaba pero no lo logré. Solamente me quedé observando la escena como un extraño hasta que el demonio intentó atacarla. Eso fue todo lo que necesité para reaccionar, mi instinto de protección me despertó de mis ensoñaciones.
-¡Kagome! –grité casi por inercia. Ella se defendió de una manera que nunca había visto y derrotó al demonio rápidamente; justo antes de darle el golpe de gracia, el maldito escapó.
-¿Te encuentras bien Kagome? -pregunté, no estando muy convencido de que en realidad fuera ella.
-¿Kagome?... ¿Realmente eres tú?... ¿Estás bien? –Insistí intentando descifrar qué era lo que pasaba, seguramente ya me había vuelto completamente loco y solo era una alucinación mía. Pero su aroma era tan real que me costaba creer que fuera producto de mi imaginación.
-Inuyasha, yo estoy bien –dijo al borde de las lágrima, dejándome completamente petrificado de la impresión –No desesperes, regresaré por tí –me prometió. Pude ver que se me acercaba, una sensación extraña se hizo presente en mi estómago, estábamos tan cerca que casi nos tocábamos y de repente la imagen se desvaneció. Sin poder evitarlo grité su nombre repetidamente, buscándola, esperando que con eso ella se quedara a mi lado para siempre. Todo había desparecido, Kagome, el círculo, la estrella, las bestias, todo excepto su perfume… Me arrodillé y golpeé frustrado el suelo con mi puño "¡Se me ha vuelto a escapar!" me grité mentalmente. Repasé cada momento de aquella inverosímil vivencia y caí en la cuenta que ella me acababa de prometer volver a mi lado. No sabía cómo, cuándo o por qué pero ella volvería, eso era seguro…
El personaje Shimeiteki no es de Rumiko, es mío, y su nombre significa "causa de muerte"
Todo el ritual es una invención de mi imaginación, así que no lo intenten en casa.
Las cuatro bestias mencionadas en este capítulo, son parte importante de la mitología japonesa tradicional, por lo que no son invenciones mías. Fueron figuras adoptadas en Japón por la influencia China (los cuales cuentan con seres similares que representan los puntos cardinales), tal y cómo lo dice en la historia, cada una de estas criaturas representaban un punto cardinal de la ciudad de Kyoto, una estación y un color. Existen muchas representaciones de estos seres y también tienen templos para su adoración. En 1983 se encontró la tumba Kitora, en la aldea de Asuka, uno de los pocos registros antiguos sobre estos cuatro dioses. En ella están pintadas representaciones de estos dioses en las paredes según su orientación cardinal. Además en el techo hay un sistema de constelaciones pintado.
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